Edgar
Edgar Mascarell es un joven emprendedor de la comarca de la Safor, concretamente de Villalonga, nacido el 10 de Junio de 1987.
Empezó a trabajar pronto, pero para él, su relación en la cocina se inició en una Pizzería en la que entró de manera fortuita con 17 años, el contacto con los alimentos lo despertó, le hizo sentir determinadas vibraciones que lo abocaron a continuar su camino en la cocina.
Tres años después, dejó su trabajo e inició sus estudios en el *CDT Alquería del Duque. No obstante, recuerda que no estaba convencido de ser admitido desde un principio puesto que había 360 personas intentando entrar y aunque salió contento de la entrevista, dice que los días posteriores se puso a buscar trabajo desmotivado y dolido. Para él, era imposible entrar. Finalmente, su sueño se pudo cumplir y estudió allí durante un año.
Aun así, Edgar es una persona a la que le hace falta movimiento y pronto se vio en la necesidad de salir a la calle, tener experiencias nuevas y conocer cocinas y maneras de trabajar diferentes. Nos dice que fuera de las aulas es donde más ha aprendido.
Cuando acabó sus estudios, estuvo trabajando en Cullera, de aquella experiencia nos cuenta que tuvo que buscar un piso rápidamente, que recorrió en mundo en busca de una habitación que fuera asequible y que al final estuvo un mes en un piso que, según él, es mejor no recordar. Nos hace saber también que allí sintió la soledad pero con todo, había algo que le hacía superar estas trabas.
No todo ha sido fácil, su camino ha tenido penas y alegrías a partes proporcionadas. Reconoce que ha experimentado una gran evolución pero que solo la puede explicar con dosis de pasión y entusiasmo por la cocina y que esto mismo es el que lo mueve cada día.
Más tarde, con 22 años recibirá una oportunidad muy importante gracias a una amistad de confianza de su padre que será clave para él y para su vida. Edgar se va de Cullera en Shangái donde trabaja como jefe de cocina para enseñar a elaborar comida europea en un restaurante de la misma ciudad. Nos explica que fue una experiencia imprevista pero también, que fue la mejor experiencia de su vida. Allí se sintió valorado y se encontró en él mismo, pero sobre todo sintió que había mucho de camino para hacer y mucho de potencial para exprimir. Descubrió que estaba capacitado para todo aquello que se propusiera y se enseñó a pensar en grande.
Pero, una experiencia tan extraordinaria, tiene que haberle proporcionado anécdotas increíbles obligatoriamente, verdad? Bien, tenemos que saber que Edgar llevaba siempre una foto al móvil con la dirección de su casa para que los taxistas lo pudieron entender y contaba paradas de tren por saber cómo tenía que volver. Un gimnasio lo ayudó a evadirse y en el mismo momento a encontrar una grandísima amistad, la cual hizo que la estancia allí fuera más divertida. Gracias al Consulado Edgar Mascarell pudo abrir nuevos caminos que lo hicieron disfrutar más de esta experiencia. Por otro lado, tuvo un pequeño problema en la hora de elaborar uno de los mejores platos de la Comunidad Valenciana: la Paella, tanto es así, que tuvo que comunicar a un herrero que le hicieron unos fuegos especiales para poder conseguir un método parecido al europeo. Todo esto nos lo explica entre sonrisas y pausas de anhelo.
Según el propio Edgar: “Allí despegué y ya no he vuelto a aterrizar”.
Seis meses después decidió volver, pero, porque? La respuesta nos la cuenta de manera contundente, le pidieron toques asiáticos en sus platos europeos y él no quería perder sus raíces. Fue tan sencillo como esto, este fue el motivo por el que volvió a Villalonga.
Una vez en el pueblo, tenía una sensación extraña en el cuerpo, después de haber vivido el ritmo frenético de la ciudad le costaba adaptarse a la tranquilidad del pueblo así que pronto buscó trabajo en Gandia y más tarde, en Sueca. Trabajó en varios restaurantes hasta que tuvo la oportunidad de abrir la Taska con la que es ahora su pareja y con la que cree que no hubiera sido posible cumplir este objetivo. Juntos se muestran como un equipo completo y fuerte.
Su restaurante le proporciona alas para volar y la libertad que necesitaba para experimentar todo aquello que cada día imagina de nuevo, él mismo dice que su mente va mucho más rápido del que el tiempo le permite.
No obstante, todo no acaba aquí, sus ambiciones van mucho más allá y es posible que uno de sus sueños esté cubierto, pero no deja de tener perspectivas de futuro y nuevas ideas y trabajos en mente. Esto solo nos hace pensar que los espera a él y al resto de su equipo un futuro muy prometedor.
Podríamos continuar escribiendo sobre su vida pero nos quedamos con la sensación que desprende cuando habla sobre su profesión, le brillan los ojos y puedes llegar a pensar que cualquier cosa que elaboro en sus manos no puede resultarte indiferente, contagia su motivación desde el minuto uno que suyos a la mesa a compartir cualquier momento con él y, sin ningún tipo de duda, estamos seguros que el ingrediente estrella de su cocina es la pasión.
